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La paradoja hídrica de México: inundaciones y sequía

Lluvias extremas, infraestructura deficiente y mala gestión del agua explican por qué el país se inunda en unas regiones mientras otras enfrentan escasez crónica.

México enfrenta hoy una paradoja hidrológica: mientras grandes lluvias y eventos extremos causan inundaciones, amplias zonas del país sufren déficit hídrico, caída de niveles de presas y sobreexplotación de acuíferos. El fenómeno no es contradicción meteorológica sino el resultado de variabilidad climática (ENSO y huracanes), cambio climático que intensifica extremos, y una gestión del agua insuficiente: infraestructura desfasada, captación limitada y prácticas territoriales que convierten la lluvia en desastre en vez de reserva.

México, inundado y seco a la vez: la crisis del agua

Por Redacción Cinco Frentes Cobertura informativa y verificación
· ⏱️ 8 min de lectura

El porqué climático y geográfico: cómo coexisten sequía e inundación

  • Heterogeneidad climática. El norte y centro-norte son semiáridos; el sur y litorales reciben humedad tropical y ciclones. Por tanto, en un mismo año pueden darse déficit pluviométrico prolongado en el norte y episodios de precipitaciones torrenciales en costas y cuencas del centro-sur.
  • Fenómenos de gran escala. ENSO (El Niño / La Niña) y la temporada de huracanes redistribuyen la lluvia: unas regiones reciben menos agua durante años y otras quedan expuestas a concentraciones intensas en pocas horas o días. La ciencia climática constata que estos patrones se han vuelto más volátiles.

En suma: no es que “falle la lluvia” en todo México al mismo tiempo; es que la distribución espacial y temporal de la lluvia ha cambiado y los extremos se han intensificado.

Gestión del agua: cómo la ingeniería y la planificación convierten lluvia en desastre

Las lluvias intensas sólo se transforman en recursos si existen mecanismos para captarlas, infiltrarlas y almacenarlas. En México, varias fallas estructurales agravan las consecuencias:

  1. Infraestructura hidráulica insuficiente o mal orientada. Muchas cuencas no cuentan con sistemas de retención y recarga —el enfoque histórico priorizó trasvases y grandes presas sin una estrategia nacional coherente de seguridad hídrica y recarga de acuíferos. La falta de inversión y mantenimiento deja drenajes y embalses incapaces de absorber episodios extremos.

  2. Urbanización desordenada. Ciudades que crecen sobre llanuras de inundación, cauces encajonados y suelos impermeabilizados (concreto y asfalto) generan escurrimientos rápidos. Así la lluvia que podría infiltrarse termina en canaletas y colectores insuficientes, produciendo inundaciones urbanas recurrentes.

  3. Deforestación y degradación de cuencas. La pérdida de cobertura vegetal reduce infiltración, aumenta la erosión y concentra escorrentía, elevando crecidas aguas abajo y reduciendo recarga. Esto empeora tanto el riesgo de inundación como la disponibilidad de agua base en periodos secos.

Estas deficiencias traducen lluvias intensas en daños y, simultáneamente, reducen la capacidad del sistema para almacenar agua para usos futuros.

Cómo las inundaciones agravan la escasez: la trampa de la no-captación

Cuando las lluvias ocurren de forma concentrada y no se captan, el país pierde una oportunidad clave para recargar acuíferos y embalses. Dos ejemplos ilustrativos:

  • Sistema Cutzamala y abastecimiento del Valle de México. En años recientes la precipitación en la cuenca de Cutzamala fue notablemente inferior a su promedio de 40 años, lo que, junto a olas de calor y evapotranspiración, obligó a mayor bombeo de aguas subterráneas y aumentó la vulnerabilidad del suministro metropolitano.

  • Sobreexplotación de acuíferos y subsidencia. Para compensar la escasez superficial, se extrae agua subterránea a tasas no sostenibles; esto provoca hundimiento del suelo (subsidence) y pérdida permanente de almacenamiento del acuífero, reduciendo la capacidad de retener agua futura y dañando infraestructura crítica (tuberías, edificios, drenajes). Estudios geocientíficos muestran tasas de subsidencia preocupantes en varios valles urbanos mexicanos.

El resultado: inundaciones que rompen viviendas y carreteras hoy, y acuíferos más pobres mañana.

Datos y mapas: la evidencia reciente

  • Monitores oficiales y análisis satelitales documentan sequías de larga duración que afectaron buena parte del territorio en 2024–2025, con «zonas de sequía severa a excepcional» concentradas en el norte y algunos valles centrales.
  • Al mismo tiempo, atlas de riesgo e informes de eventos extremos registran inundaciones urbanas y rurales muy localizadas asociadas a huracanes residuales y tormentas convectivas. Estos atlas —y evaluaciones municipales— muestran que la exposición humana y la ocupación de cauces multiplican el impacto socioeconómico.

Fallas de políticas hidráulicas: vacíos prioritarios

  1. Ausencia de una estrategia nacional de recarga y almacenamiento distribuido. Las políticas han privilegiado grandes obras sin priorizar soluciones verdes y de recarga en cuencas y ciudades.
  2. Regulación débil sobre uso del suelo en llanuras de inundación. La expansión urbana continúa en áreas de riesgo por falta de instrumentos de planificación y cumplimiento.
  3. Gestión fragmentada entre niveles de gobierno. Competencias dispersas entre la federación, estados y municipios provocan planes desconectados y duplicidades que obstaculizan actuaciones integradas.

Recomendaciones prácticas y políticas urgentes

Acciones inmediatas (0–2 años)

  • Mapear y reforzar los puntos críticos de captación urbana: azoteas, parques, drenajes pluviales con retención; instalar sistemas de infiltration en zonas periurbanas.
  • Planes de contingencia que prioricen protección de sistemas de captación y embalses frente a huracanes y avenidas.

Mediano plazo (2–6 años)

  • Programa nacional de recarga de acuíferos (pozos de infiltración, humedales artificiales, restauración de cauces) focalizado en cuencas claves como Cutzamala.
  • Revisión normativa para prohibir la ocupación de cauces y llanuras de inundación y promover infraestructura verde en planes municipales.

Largo plazo (6+ años)

  • Modernización de presas, digitalización de gestión de cuencas (telemetría, modelos hidrológicos), y políticas de pago por servicios ambientales para restaurar bosques de recarga.
  • Reforma institucional para integrar la gestión del agua entre niveles de gobierno, con metas cuantificables de reducción del uso de agua subterránea insostenible.

De la crónica de desastres a la seguridad hídrica

La aparente contradicción entre inundaciones y sequía en México es, en realidad, una misma crisis con dos caras: eventos meteorológicos extremos por un lado, y por otro una gestión hídrica que no transforma la abundancia temporal en resiliencia permanente. Corregirlo exige invertir en captación y recarga, frenar la sobreexplotación de acuíferos, restaurar cuencas, y ordenar el territorio urbano. Si México no despliega una política hidráulica integral, las lluvias seguirán siendo motivo de desastre y la sequía seguirá privando a millones del agua que las mismas nubes entregan.

Fuentes y metodología

Este trabajo se elaboró a partir de una triangulación de fuentes primarias, secundarias y técnicas, con el objetivo de ofrecer un análisis riguroso, verificable y contextualizado sobre la dinámica hídrica y climática en México. Se recurrió a registros meteorológicos y climatológicos de largo plazo, bases de datos hidrológicas, informes técnicos y series estadísticas oficiales; así como a estudios científicos revisados por pares, reportes de organismos multilaterales y análisis especializados en gestión del agua, ordenamiento territorial y cambio climático.

La investigación integró mapas, modelos y monitoreos satelitales para identificar patrones espaciales de sequía, precipitación extrema, escurrimientos e inundaciones, complementados con documentos normativos, diagnósticos institucionales y evaluaciones de políticas públicas en materia de infraestructura hidráulica, manejo de cuencas y planificación urbana. También se consideraron archivos periodísticos y reportes técnicos contemporáneos para contextualizar eventos recientes y su impacto social y territorial.

Metodológicamente, se realizó:

  • Revisión y contraste de series históricas de precipitación, temperatura, niveles de presas y acuíferos.
  • Análisis comparado de mapas de riesgo, sequía e inundación para detectar superposición de vulnerabilidades.
  • Evaluación crítica de estudios académicos y técnicos para interpretar causas estructurales y efectos acumulativos.
  • Correlación entre datos climáticos y marcos regulatorios, presupuestarios y de gestión del agua.

Todos los datos, tendencias y afirmaciones fueron verificados mediante la comparación entre múltiples fuentes independientes, priorizando información documentada, metodologías transparentes y consensos técnicos y científicos. Este enfoque permitió reducir sesgos, fortalecer la fiabilidad del análisis y ofrecer una pieza de referencia que trasciende la crónica aislada de eventos meteorológicos para situarlos dentro de un marco estructural y de política pública.


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