12 de enero de 2026 • 7 minutos de Lectura
El Oriente Próximo vuelve a situarse en el centro del tablero geopolítico global. Las crecientes tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel han alcanzado un punto crítico tras las advertencias de Teherán: cualquier ataque será respondido con represalias directas. El riesgo de una nueva escalada regional es real y sus implicaciones trascienden las fronteras de la región.
Antecedentes: la Guerra de los 12 Días y su herencia inestable
En junio de 2025, la denominada Guerra de los 12 Días marcó un antes y un después. Ataques coordinados de Israel y Estados Unidos contra instalaciones estratégicas iraníes debilitaron de forma significativa la infraestructura nuclear y misilística de Teherán.
Aunque el régimen iraní proclamó resistencia y victoria política, el impacto económico y militar fue severo. Desde entonces, Washington y Tel Aviv han reiterado que no permitirán la reconstrucción de capacidades estratégicas iraníes, manteniendo una presión constante sobre el régimen.
Protestas internas en Irán: crisis económica y desafío al poder
Desde finales de 2025, Irán enfrenta una ola de protestas masivas impulsadas por inflación, desempleo y deterioro social. Organismos internacionales estiman cientos de muertos, miles de detenidos y un apagón informativo casi total.
El régimen atribuye estas protestas a una operación indirecta de EE.UU. e Israel, mientras refuerza la represión interna. Analistas coinciden en que la combinación de crisis económica y presión externa ha colocado al sistema iraní en uno de sus momentos más frágiles desde 1979.
Advertencias de Irán: “objetivos legítimos”
Altos funcionarios iraníes han elevado el tono. Bases estadounidenses, activos militares y el propio territorio israelí han sido señalados como objetivos legítimos ante cualquier nueva agresión.
Pese al desgaste militar, Irán conserva capacidad de respuesta indirecta mediante aliados regionales en Líbano, Yemen e Irak, lo que multiplica el riesgo de una escalada no controlada.
Estados Unidos: disuasión, presión y advertencia
La administración estadounidense mantiene una estrategia de máxima presión. Washington ha dejado claro que no tolerará avances nucleares ni una represión masiva sin consecuencias.
Aunque existen canales diplomáticos abiertos, la retórica dominante sigue siendo la disuasión. La coordinación con Israel es total, tanto en inteligencia como en planificación estratégica.
Israel: alerta permanente y líneas rojas claras
Israel observa el escenario con máxima cautela. Para Tel Aviv, cualquier reconstrucción del programa nuclear iraní constituye una amenaza existencial.
Fuentes de seguridad israelíes reconocen que la inestabilidad interna iraní podría empujar al régimen a una confrontación externa como vía de escape.
Implicaciones globales
Una escalada tendría efectos inmediatos sobre los precios del petróleo, las rutas comerciales y el equilibrio geopolítico global. La aproximación de Irán a Rusia y China añade una capa adicional de complejidad estratégica.
El Oriente Próximo vuelve así a convertirse en un termómetro de la estabilidad mundial.
Conclusión
Las tensiones entre Irán, EE.UU. e Israel no son un episodio aislado, sino la expresión de un conflicto estructural no resuelto. Protestas internas, advertencias militares y alianzas estratégicas dibujan un escenario de alto riesgo.
La contención y la diplomacia aún son posibles, pero el margen de error es mínimo. Un solo movimiento en falso podría reconfigurar el equilibrio regional y global durante la próxima década.
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